Karen Dalton

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Karen Dalton

La voz maldita del folk: Karen Dalton, la favorita de los grandes que murió en el olvido

Admirada por Bob Dylan, fue telonera de Santana, tuvo una vida errante y perdió dos dientes en una pelea.

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Se alejó de su familia, de sus colegas, volvió al ruedo y murió después de contraer sida en los 90, sabiendo que sus únicos dos discos de estudio habían sido un fracaso en ventas. Con el tiempo se convirtió en una artista de culto y músicos de todas las edades versionan sus canciones en YouTube. Sin embargo, no se encuentran entrevistas grabadas con Karen Dalton, hay pocos videos y ninguna foto que le hayan sacado pasada la década del 70. Su voz es el secreto mejor guardado del folk y del blues, y su obra un tesoro que sobrevivió a las vicisitudes del tiempo y del caos.

Karen creció en Oklahoma, Estados Unidos, y se casó y se divorció dos veces antes de cumplir 21 años. Tuvo dos hijos, un niño y una niña a los que llamó Abralyn y Johnny Lee y a los que dejó un poco de lado durante la crianza, pero con los que se reencontró en los últimos años de su vida. De uno de esos maridos tomó el apellido Dalton, ya que en su documento de identidad figuraba como Jean Karen Cariker. A principios de los 60, se mudó a Greenwich Village, en Nueva York, en donde se cruzó con Bob Dylan, quien algunas veces la acompañaba con la armónica. Junto a grandes como él y Joan Baez, Karen compartía cartel en algunos shows en los que se destacaba por su talento, cantando y tocando el banjo. Era admirada por sus colegas, pero poco conocida por el público: no le gustaba mostrarse.

La artista se casó por tercera vez con el cantante de folk Richard Tucker, con quien a veces interactuaba en un dúo. En ese entonces ya lucía una triste marca personal, la ausencia de sus dos dientes delanteros en el maxilar inferior, producto de una pelea entre dos de sus novios, en la que ella había intervenido. A pesar de esto, su imagen era atractiva con sus cabellos largos y sus ojos negros. Se ha hablado de una influencia de sangre cherokee por parte de su madre, pero su propia hija lo negó. No era descendiente directa de nativos americanos y aunque era urgente definirla, no se parecía a nadie.

En una entrevista con NPR, Abralyn explicó que algunos creían que los orígenes en el sur profundo de su madre la hacían una persona ignorante, bruta, y nada más lejos de eso. “Nuestra casa siempre estaba llena de libros. Ella sabía lo que estaba pasando en el mundo, sobre literatura, todo. Cuando la gente se acercaba a ella como la estúpida granjera de Oklahoma, realmente podían cabrearla rápidamente”, explicó y dejó en claro que el carácter de Karen a veces la convertía en una persona difícil. Su mal genio y su desconfianza tuvieron que ver con que grabara solamente dos álbumes, It’s So Hard to Tell Who’s Going to Love You the Best (1969) y In My Own Time (1971).

“Quería tener su sonido. A mi madre le decían que eso era lo que querían escuchar, y luego entraba al estudio y ellos (los productores) decían, ‘Bueno, solo agregaremos un par de pistas a esto’. Y ella decía que no. Se ponía furiosa. Mi madre era el tipo de persona que le gritaba a los cajeros de los bancos”, contó Abralyn sobre Dalton. La chica estuvo separada de su madre algunos años, ya que su padre tenía la custodia, pero de todos modos la acompañaba en alguna de sus presentaciones y en sus viajes a Nueva York. Karen tampoco se ocupó de la crianza de su primer hijo, pero se reencontraron cuando él ya era mayor. En ambos casos, Dalton hizo lo mejor que pudo, mientras lidiaba con sus fuertes adicciones.

Joe Loop fue alguien que la conoció muy bien. Era el dueño de Attic, el bar en Colorado en el que Karen Dalton solía dar algunos shows. Con el tiempo se hicieron muy cercanos y Loop pudo ver cómo ingresaba en el mundillo de las sustancias peligrosas. “La mayoría de las veces que salía con Karen, su elección era la misma que la mía: psicodélicos y marihuana. Ni siquiera bebía mucho. Hablan de que era una mala bebedora. Pero no estoy seguro de que alguna vez bebiera tanto. Desafortunadamente, sin embargo, terminó metiéndose en las cosas difíciles”, dijo en una entrevista con el sitio Pop Matters, en referencia a la heroína.

Loop y Dalton fueron buenos amigos durante los años de actividad de la cantante, cuando cantaba en su local, y se volvieron a encontrar más adelante. “La última vez que la vi fue probablemente a mediados de los 70. Hablé con ella a principios de los 90, creo que unos meses antes de que muriera. No sé exactamente cuánto tiempo antes”, recordó. Algunos artículos hablan del final de Karen como una homeless, sobreviviendo en las calles de Nueva York, perdida en su adicción, pero Loop se encargó de corregir esta versión: “En realidad, Karen se estaba quedando en una casa propiedad de Peter Walker, un guitarrista que vivía en Woodstock, y él también tenía un lugar en Nueva York. Se estaba quedando en su casa, y había estado allí durante bastante tiempo, estaba ahí cuando la llamé. Charlamos y su hijo Lee estaba con ella, cuidándola. Cuando ella falleció, Peter Walker estaba con ella en la habitación”.

Al igual que Walker, Joe Loop también fue imprescindible en la vida de Karen y en la valoración de su legado. Fue en el Attic, su local, en el que la cantante grabó un disco en vivo en 1962, que no vio la luz hasta 2007. Cotton Eyed Joe es un registro crudo de uno de esos tantos shows en ese local mítico que no estuvo abierto durante más de dos años. Gracias a Loop y al sello europeo Megaphone, las cintas fueron rescatadas y publicadas. “Recuerdo que Karen estaba tan feliz en ese momento por haber podido hacer un disco real y bien producido. Por supuesto, hay algo en las cintas de Attic que es tan honesto y directo”, describió Joe. La artista, en ese entonces, vivía junto a su esposo y su hija menor en una casa sin luz eléctrica ni agua corriente. Aun en esa indigencia, Dalton podía seguir pensando en música.

En lo que no podía pensar Karen era en vender esas canciones, su alma bohemia y su conducta errante la llevaban a tomar malas decisiones. La compañía con la que sacaba sus discos terminó por cansarse de ella cuando para el lanzamiento del segundo, consiguieron que fuera telonera de la gira de Santana, que venía de romperla en el festival de Woodstock. Viajando por Europa, Dalton no lograba ni siquiera salir del camarín. Debut y despedida.

Los años post mortem fueron benévolos con Karen Dalton y su obra resurgió como una perla escondida. Artistas como Nick Cave y Devendra Banhart le declararon su admiración y las nuevas generaciones volvieron a posar su atención en esta artista única. También los cineastas se dejaron seducir por su martirizada historia. Emmanuele Antille lanzó Bright Light. Karen Dalton and The Process, un documental de 2018 que recorre los lugares en los que la artista pasó su vida. Recientemente, el festival de documentales de Nueva York, DOC NY, estrenó In My Own Time: A portrait of Karen Dalton, un film de Robert Yapkowitz y Richard Peete, dos directores que eligieron a la cantante como protagonista de su ópera prima.

 

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