Joe Strummer

Veinte años sin Joe Strummer, la voz de la conciencia del punk

El líder de The Clash, faro eterno del rock de los setenta y los ochenta, falleció el 22 de diciembre de 2002 víctima de un infarto

Joe Strummer, en una imagen promocionall

Hace justo 20 años, el 22 de diciembre de 2002, un infarto se llevó por delante a John Graham Mellor, Joe Strummer como nombre de guerra. Pura ironía, sí. El corazón del punk, el músculo que en los setenta y los ochenta bombeó con insistencia riffs afilados e himnos inflamados, la central eléctrica que alimentó el invierno del descontento, dijo basta. Se le agotó el fuelle. Acababa de sacar a su perro a pasear por las calles de Somerset y, al llegar a casa, se desplomó. Se quedó sin batería. «Won’t you help to sing / These songs of freedom», cantaría, ya desde el más allá y en compañía de Bob Marley, en los surcos de ‘Streetcore’, testamento firmado junto a los Mescaleros y álbum póstumo que vio la luz un año después de su muerte. Porque se fue el cantante, sí, pero quedaron sus canciones de libertad y combate.

Strummer, nacido en Ankara en 1952, tenía sólo 50 años cuando falleció, pero lo suyo ya era, por relevancia y clasicismo, Historia Antigua de la música popular. Una cadena de producción que, de los 101’ers a los Mescaleros pasando, claro, por ese tótem del rock del siglo XX que fueron The Clash, dejó escritas algunas de las páginas más gloriosas de la cultura de las últimas décadas. Rock de combate, punk en la línea del frente y marxismo a martillazos. La estrella roja y el azote de un género estilísticamente perezoso y de combustión rápida.

La historia, a estas alturas, es harto conocido: alianza acorazada con Mick Jones, Paul Simmonon y Topper Headon; un debut furioso, una obra maestra del punk de amplio espectro (‘London Calling’, de 1979 a la eternidad); aromas caribeños enriqueciendo el chisporroteo de electricidad; la máquina forzada hasta límites insospechados con el triple ‘Sandinista’; y el principio del fin tras ‘Combat Rock’.

Ética y estética del punk, voz de la conciencia de un fenómeno tirando a descerebrado y rebelde con causa, Strummer hizo todo lo que estuvo en su mano por convertir a The Clash en «una de las bandas más abiertamente políticas, explosivas y emocionantes de la historia del rock and roll». Unos honores que pocos podían imaginar cuando, en abril de 1976, el punk le cambió la vida y él decidió cambiársela al punk.

Así recuerda el propio Strummer en las páginas del libro ‘England’s Dreaming’, de Jon Savage, su caída del caballo y deserción a toda prisa de los 101’ers para alistarse en las filas de los nuevos ruidosos. «A los 101’ers les iba bien. Trabajábamos muy duro. En catorce días dimos doce conciertos en sitios como Sheffield, arriba y abajo a diario, pero era como si no existiéramos. En abril, los Sex Pistols actuaron por primera vez en Nashville, de teloneros de nuestro grupo. Salí cruzando el escenario cuando hacían la prueba de sonido y oí a Malcolm que diciéndole a John ‘¿Quieres unos zapatos como los que lleva Steve, o mejor como los de Paul? ¿Qué tipò de jersey te gusta más?’, y yo pensé: ‘¡Carajo! ¡Tienen un manager y además les está proporcionando ropa!». Al resto de mi grupo no les interesó demasiado todo aquello, pero yo me senté entre el público».

Strummer, durante una actuación

Ahí estaba, lanzando escupitajos y haciendo añicos ‘Substitute’, el futuro. O, mejor dicho, el ‘no future’. «Tocaron ‘Steppin’ Stone’, que nosotros tocábamos también, pero nos llevaban una delantera de años luz. Eran de otro siglo, me que completamente atónito. De verdad les importaba todo una mierda. El publico no se lo podía creer», evocaba Strummer. Acto seguido, disolvió los 101’ers.«Los otros pensaban que me había vuelto loco, pero o saltas la valla o te quedas al otro lado». Al final, el cantante y guitarrista no sólo saltó la valla, sino que la hizo saltar por los aires, volteando el nihilismo de los Sex Pistols y levantándose si no en armas, por lo menos sí que en guitarras, contra el gobierno de Margaret Thatcher, el racismo del National Front y el conformismo del rock de los setenta.

No es casualidad que, veinte años después de su muerte, sus huellas conduzcan a lugares tan dispares como Nueva York, donde The Clash coquetearon con el hip hop y un colorido mural en el East Village celebra a Strummer, a Granada, donde una placeta recuerda su paso por la ciudad en los ochenta. El británico llegó a Andalucía en 1984 embrujado por Lorca y huyendo de los últimos estertores de The Clash y el flechazo fue tan intenso que acabó produciendo el segundo disco de 091 y comprándose una casa en San José, en el Cabo de Gata.

«Fue un filósofo que destiló la vida y los tiempos que todos hemos vivido», dejó dicho Julien Temple, director del documental ‘The Future Is Unwritten’. Un filósofo que, aún hoy, veinte años después de su muerte, sigue sentando cátedra desde el más allá y brindando alguna que otra alegría discográfica. La última, llegada el pasado septiembre, es la caja ‘Joe Strummer 002: The Mescaleros Years’, antología que recoge la última encarnación musical de Strummer y desentierra inéditos como esa ‘Ocean Of Dreams’ en la que participa también Steve Jones, guitarrista de los Sex Pistols.

===>#ELSIESTERO, Historias y anécdotas de las mejores Bandas del Mundo, Domingos de 17.00 hs. a 18.30 hs. 105.1FM www.fmsos.com.ar

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