07 de octubre de 1970.
Tres días después de su fallecimiento, los restos de la legendaria cantante Janis Joplin fueron cremados y sus cenizas fueron esparcidas en el océano Pacífico desde una avioneta, a lo largo de la costa de Marin County, California. Estados Unidos.
El único servicio fúnebre tuvo un carácter privado, ya que sólo asistieron los padres y la tía materna, dejando atrás una despedida tan poco convencional como su propia vida.
Pero Janis había pensado incluso en su muerte: dejó 2,500 dólares en su testamento para que sus amigos organizaran una gran fiesta en su honor.
Semanas después, aquella celebración reunió a su círculo íntimo en el Lion’s Share, en California.
Con el tiempo, sus admiradores encontraron otros lugares para recordarla, entre ellos el Museum of the Gulf Coast, en Texas, donde una estatua de bronce y una placa histórica mantienen viva su memoria.
Janis no tiene una tumba… pero dejó santuarios donde su historia sigue viva.
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