The Beatles

Los shows más recordados de los Beatles en The Cavern: el sótano angosto en el que empezó la revolución

El 09 de febrero de 1961, la banda tocó por primera vez en el mítico bar de Liverpool. Por qué uno de los músicos casi se pierde el debut. Y el día que noquearon a George Harrison por defender la inclusión de Ringo Starr.

Por Matías Bauso (Infobae)

Cuatro años después de su inauguración, The Cavern recibió a un grupo que lograría inmortalizar el club, como si todo lo que hubiera sucedido antes no importara. El 9 de febrero de 1961, al mediodía, en algo que se llamaban las Lunch Sessions (Las Sesiones del Almuerzo) se presentaron por primera vez los Beatles (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)

¿Quiénes habrán ido a almorzar a ese sótano de Liverpool ese mediodía? Algunos amigos de los músicos, varios habitués que disfrutaban de comer o tomar algo mientras escuchaban canciones, algún distraído que no sabía bien qué hacer con su tiempo y de casualidad, sin proponérselo y sin advertirlo hasta varios años después, presenció un hecho histórico.

Cuatro años después de su inauguración, The Cavern recibió a un grupo que lograría inmortalizar el club, como si todo lo que hubiera sucedido antes no importara. El 09 de febrero de 1961, al mediodía, en algo que se llamaban las Lunch Sessions (Las Sesiones del Almuerzo) se presentaron por primera vez los Beatles.

La primera formación de los Beatles

Paul, John, George y Pete Best. En la batería todavía no estaba Ringo, faltaba bastante para eso. Tampoco usaban esos trajes entallados con los que se hicieron famosos, ni el moptop como peinado.

Camperas de cuero y pantalones negros o jeans. El pelo un poco más largo que lo habitual y despeinado pero nada que pudiera interpretarse como un look urdido. La paga era escasa: 5 libras esterlinas por función. Pero a ellos no les importaba. Querían tocar, darse a conocer en su ciudad y aceptaban cada presentación que les ofrecían. Venían de tocar en Hamburgo y de incorporar centenares de horas de escenario.

Los componentes del grupo The Beatles, Paul McCartney (bajista), George Harrison (guitarra), Ringo Starr (batería), y John Lennon (guitarra), durante un posado gráfico en los Estudios de televisión de la BBC en Londres (EFE./Archivo)

Diez días después, los Beatles volvieron a tocar en The Cavern y ya se instalaron en el lugar. Por un par de años se convirtió en una especie de sede de su música y de la música joven británica. Y ese escenario pequeño fue el laboratorio en el que se forjó la banda que cambiaría la música (y hasta la vida) moderna.

Cuando vio el local, ese sótano arrumbado del número 10 de la Mathew Street, con paredes de ladrillos y piso desparejo, Alan Sytner supo que ahí pondría su tercer club de música. El nombre no lo tuvo que pensar. Sólo lo tradujo del francés. Replicaría en Liverpool ese club de jazz que lo había fascinado en París. Le Caveau se transformó, entonces, en The Cavern.

Abrió a principios de 1957. Y en agosto de ese año, entre otros grupos, se presentaron los Quarrymen, unos adolescentes de la ciudad. En el grupo estaba John Lennon y unas semanas después se incorporaría Paul McCartney. El dueño del lugar, Alan Sytner, al principio, se engañó a sí mismo, sosteniendo que el skiffle, el estilo de los Quarrymen era un derivado del jazz, por lo que no estaba traicionando su idea inicial.

En una de esas primeras actuaciones, Lennon arrancó de sorpresa con un cover de Don’t be Cruel de Elvis Presley. Sytner corrió al pie del escenario para pedirle que interrumpieran esa especie de sacrilegio. Los números no cerraban, la oferta musical no era tan nutrida y los jóvenes que se dedicaban a esa nueva música llamada rock cada día eran más y querían ser escuchados. En 1959 Sytner vendió el lugar a Ray McFall.

Una imagen de Paul McCartney en The Cavern (Photo by Keystone/Getty Images)

The Cavern, cuna del beat inglés

El nuevo propietario tenía miras más amplias. La idea de que The Cavern se dedicara sólo al jazz cambió con velocidad. Reconoció la realidad y aceptó a los grupos que hacían otro tipo de música. Esa política de apertura fue la que consiguió que con los años The Cavern se convirtiera en un lugar clave en el germen de la escena beat inglesa.

No se conoce el número exacto de veces que los Beatles tocaron en The Cavern. Pero el número se acera a las 300 (algunos dicen que fueron 292 shows).

El primer mediodía, el del día del debut, George fue detenido en la puerta. El portero no quería dejarlo pasar. Llevaba jeans y la política de admisión de la casa era muy estricta en esa cuestión. Nadie podía pasar sin respetar las normas de etiqueta del sitio. Harrison ingresó cuando lograron convencer que de otra manera no iban a poder tocar. La gimnasia escénica que habían adquirido en Alemania servía para que los Beatles sonaran con contundencia; no eran unos improvisados, el entendimiento entre ellos era evidente y habían desarrollado un sonido propio.

El lugar era angosto. Sobre el final, bajo el techo abovedado, casi como encajado contra la pared de ladrillos, estaba el escenario breve en el que los cuatro se amontonaban. En el medio Paul. La primera línea la completaban John y George. Y bastante más atrás, casi como si se apoyaran contra la pared, Pete y su batería. La gente estaba cerca del escenario. Podían hablar con los músicos. El humo de los cigarrillos subía y se amuchaba contra el techo formando nubes que parecían sólidas. El olor era una rara mezcla de transpiración, humedad, desinfectante y las frutas podridas del mercado de la calle de enfrente.

Brian Epstein conoce a los Beatles

El 09 de noviembre de 1961, en una de esas funciones del mediodía en The Cavern, entre el público había un hombre serio, con un traje elegante de tres piezas que aparentaba más edad de la que tenía. Alguien podría haber pensado que era un ejecutivo que se había equivocado de lugar para su almuerzo. Pero Brian Epstein había decidido ver en persona quienes eran los Beatles.

El 19 de agosto de 1962 los Beatles se presentaron ante su público con un cambio importante. En la batería ya no estaba el carilindo pero poco rítmico Pete Best: había llegado Ringo Starr (Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images)

Había descubierto los afiches de sus actuaciones pegados en las paredes de Liverpool, leía sobre ellos en la revista Mersey Beat y algunos de sus clientes le habían hablado de esos cuatro jóvenes. Epstein tenía un local de electrodomésticos y de venta de discos, NEMS. “Quedé impactado con su música, con la manera de moverse en el escenario y su sentido del humor. Después cuando los saludé al terminar el show me sedujeron con su encanto único. Me deslumbraron”, escribió (a través de un ghost writer) tiempo después. Concurrió varias veces más y un mes después, en diciembre de 1961, les propuso ser su manager.

Freda Kelly tenía 16 años cuando abandonó el colegio. Estudió mecanografía para poder trabajar como secretaria. En el curso alguien le dijo que durante el almuerzo debía ir a The Cavern a escuchar a un cuarteto de chicos jóvenes que tocaban una música nueva, algo distinto a todo lo demás. La joven caminó la decena de cuadras que la separaban del lugar sin demasiadas expectativas. Cuando descendió al sótano y los escuchó (y los vio) quedó prendada. Empezó a ir cada vez que esos cuatro muchachos tocaban. “No era sólo la música, era todo. La forma en que se movían, la conexión entre ellos, la actitud. En esos días nadie se vestía con cuero. Los Beatles, sí”, contó Freda en el documental Good Ol Freda en la que da cuenta de sus días cerca de los Fab Four. Freda cree que los vio al menos 190 veces en The Cavern.

En una de esas noches, otro de los que concurría con asiduidad se acercó a la joven y le ofreció un trabajo. Brian Epstein creía en el potencial de la banda y les tramitó oportunidades para grabar. Para ayudarlo a manejar los asuntos del grupo contrató a esa chica que iba a todos los shows. Así Freda se convirtió en la secretaria de Epstein y en la de los Beatles. Su primer trabajo fue llevar adelante las relaciones con el club de fans y responder a las demandas del público. Cuando salió Please, Please me, el segundo simple y llegó al número uno, todo explotó. Freda vio multiplicado su trabajo. Debía lidiar con alrededor de 800 cartas diarias.

El día que noquearon a Harrison

En otra velada histórica de los Beatles en The Cavern, George protagonizó un incidente a pesar de que esa noche él no era el protagonista principal. El 19 de agosto de 1962 los Beatles se presentaron ante su público con un cambio importante. En la batería ya no estaba el carilindo pero poco rítmico Pete Best: había llegado Ringo Starr.

Ese que los turistas visitaron en las últimas décadas es un sitio nuevo que ocupa un 70% de la construcción original EFE/Anita Maric/Archivo

Las chicas clamaban por Pete. También los varones. Algunos cantaban “¡Que se vaya Ringo! ¡Que vuelva Pete!” y hasta abuchearon la primera canción de la noche. Aunque ya había reemplazado a Pete en algunas de sus ausencias, este era el debut de Ringo en el grupo ante el público como miembro oficial.

Ringo ya tenía experiencia, hacía años que tocaba por todos lados. Sonrió y le dio más duro a los parches. Los otros tres reaccionaron de manera diferente, de acuerdo a sus personalidades. John ignoró los reclamos, hizo como si no escuchara nada de lo que pasaba. Paul se mostró amable e intentó hacerse entender, tratando de conciliar con los fans enojados. George, por su parte, deslizó varias ironías a lo largo del show.

Las discusiones seguían y cada vez el nivel de tensión era mayor. En el momento en que bajaron del escenario y recorrían el pasillo para ir a los precarios camarines, George quiso hacer entrar en razones a uno de los fans más alterados. Sus argumentos sarcásticos fueron respondidos con un contundente cabezazo que lo derribó y le dejó un ojo negro. El debut de Ringo no fue demasiado promisorio. Algunos hasta se preguntaron si la buena estrella de los Beatles se había terminado, si con este cambio, poco popular, su ascenso se había detenido de manera definitiva.

El 3 de agosto de 1963, cuando faltaban pocos shows para llegar a los 300, los Beatles tocaron por última vez en The Cavern. Ya eran una sensación en Inglaterra. Hacía un mes habían grabado She Loves You. Ahora cobraban 300 libras por show y mucha gente se quedaba fuera de la sala.

Adolescentes bailan en The Cavern en 1961, año del debut en el bar de los Beatles (Photo by © Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images)

Brian Epstein limitó la cantidad de público. Sólo podían entrar quinientos espectadores que estaban abarrotados pero los dueños hubieran metido más de no haber sido por la restricción del manager que temía por la seguridad de su banda.

El programa empezaba a las 6.30 pm y terminaba a medianoche. Antes del número principal tocaban otros grupos: The Escorts, The Merseybeats, The Road Runners, Johnny Ringo and the Colts, and Faron’s Flamingos. Nadie sabía en ese momento que ese sería el show final de los Beatles en The Cavern, pero en todos convivía la sensación de que ese sitio ya les quedaba muy chico. Faltaban apenas seis meses para que viajaran a Estados Unidos y explotara la Beatlemanía. Ya nada sería igual ni para ellos ni para el resto del mundo.

The Cavern cambió de dueño en varias oportunidades. En 1973 fue cerrado. Los almacenes de los que el local musical era el sótano fueron expropiados por la empresa que manejaba los subtes de la ciudad para construir un sistema de ventilación e instalaciones secundarias. Parte de la propiedad fue demolida a tal efecto pero la obra nunca se llevó a cabo. Pasados unos años se rehabilitó como un garage.

Los ladrillos de The Cavern

En 1982 se intentó reabrir The Cavern. Pero al realizar las primeras excavaciones se comprobó que la demolición había afectado de manera irreversible algunas estructuras. El plan que se montó fue muy original. Se extrajeron 5 mil ladrillos originales y se los puso en venta a 5 libras cada uno. Se agotaron en pocos días. Eran ladrillos que habían presenciado los primeros pasos de los Beatles. Otros 15 mil fueron reutilizados en la reconstrucción del lugar. Ese que los turistas visitaron en las últimas décadas es un sitio nuevo que ocupa un 70% de la construcción original.

En 1999, Paul McCartney volvió a tocar en The Cavern como parte del lanzamiento de Run Devil Run.

La pandemia también afectó a este sitio histórico. Los dueños no podían afrontar los gastos y pensaron seriamente en cerrarlo. En esos meses despidieron a la mitad de su personal, 20 personas. Cuando las actividades se retomaron y el temor de la gente pasó, el sitio recuperó el flujo de visitantes que acuden imantados por la leyenda Beatle, que necesitan recorrer el lugar en el que empezó todo.

The Cavern es una de las catedrales de la cultura popular moderna. Un sótano que de manera impensada se convirtió en fundamental para la educación sentimental de varias generaciones.

===>#ELSIESTERO, Historias y anécdotas de las mejores Bandas del Mundo, Domingos de 17.00 hs. a 18.30 hs. 105.1FM www.fmsos.com.ar

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