Gustavo Cerati

“Bocanada”: un recorrido por la pieza maestra electrónica de Cerati que alumbró su carrera solista después de Soda

En tiempos de experimentación de sonidos electrónicos, siempre el más lúcido, Cerati se dio cuenta de todo lo que vendría. Este álbum lanzado en 1999 fusiona ritmos de pop callejero y rock elaborado. La mejor forma de escucharlo es con cuidados, de no perderse nada de lo que suena, de entender cada palabra que por algo están ahí elegidas. Cada acorde es una delicia

Por Bobby Flores (Infobae)

Gustavo Cerati en la portada de Bocanada (Foto: Gaby Herbstein)

Haré algo que no se debe, según me dijeron siempre. Algo del espíritu de los que crecimos con el punk prevalece.

Empezaré a hablar de un disco desde la tapa.

No describiré un cuadro, dedicaré este espacio a una obra de arte.

La tapa de Bocanada, el segundo disco solista de Gustavo Cerati, aunque para él sea el primero, es una masterpiece. Más allá de que la música es de lo más elevado, del ya de por sí elevado Gustavo. O que salió en un tiempo de grandes obras como Honestidad Brutal de Andrés Calamaro o el Último bondi a Finisterre, canto del cisne de los Redondos de Ricota. Entre ese tsunami de energía natural y talento musical, Bocanada se destacó.

Ya nos ocuparemos de las canciones, por ahora desearía hacer el único hincapié en la foto y el diseño de tapa.

Gustavo Cerati en un concierto por Sudamérica (AFP)

Los responsables fueron el tucumano Alejandro Ros, quien desde Fin de Semana Salvaje de Los Brujos en 1991 viene diseñando portadas y dirigiendo audiovisuales para Divididos, Luis A. Spinetta, Bajofondo Tango Club, Fito Páez y Los Auténticos Decadentes, entre otros al estilo, un diseñador gráfico de alto calibre. Mientras que la inolvidable foto que ilustra el sobre pertenece a Gaby Herbstein, fotógrafa de inmensa trayectoria, comprometida militante de una antropología social personal que subyace en toda su obra. Ellos fueron los escogidos por Gustavo Cerati para mostrar la placa en su imagen inicial.

Hay discos en los que uno puede prescindir enseguida de la tapa, a la vez que en otros, a veces, lo único bueno es justamente la tapa.

Cuando disco y portada están en sintonía el placer de tener el disco a mano es valorablemente superior.

Cerati fumaba mucho, en la foto se lo ve de costado algo esfumado, en plena bocanada de un humo que le da el efecto más rocker que alguien pueda buscar en el rock. Desde que se inventó la máquina de hacer humo, los escenarios de música rock se llenaron de esas pequeñas partículas gaseosas que nublan la imagen para que en las fotos parezca todo una epopeya.

La luz hace que se confunda el pelo con el humo otorgándole una brillantez impensada a la imagen. Gustavo recortado a medio cuerpo sobre un fondo azul casi negro, en el que Ros recreó una atmósfera nocturna casi perfecta. El vestuario aporta con las plumas y el brillo del cuero algo de burdel refinado. Conociendo mínimamente a Gustavo y su detallismo extremo no caben dudas que eso era lo buscado. En la tapa original de las primeras ediciones se notaba el agregado de stampings metalizados rojos que preanunciaban algo no del todo peligroso, pero que se debía tratar con cuidado. La mejor forma de escuchar Bocanada es con cuidados. Cuidado de no perderse nada de lo que suena, de entender cada palabra de las líricas que por algo están ahí elegidas. También cuidado de valorar que se está frente a una obra maestra, algo que no pasa todas las semanas y extremo cuidado de no rayar el surco porque cada acorde es una delicia auditiva.

Como en la sesión fotográfica Cerati fumaba mucho, Gaby Herbstein le dijo que le costaba hacer foco con tanto humo, a lo que Gustavo replicó que lo que estaba en foco era el humo. Situación que le dio nombre a uno de los mejores temas de Bocanada. “Y si el humo está en foco…” , casi instrumental, terminó siendo muy pedido en sus directos por fans y algunos intelectuales contemporáneos.

El humo es lo que finalmente prevalece en la tapa, lo que encuadra la imagen dificultosamente nítida de un Cerati que estaba haciendo su primer disco después de la separación de Soda Stéreo.

Por eso él decía que éste era su primer disco en solitario, porque Amor Amarillo que hizo en 1993 fue un fogonazo individual, en medio de la fiesta de fuegos artificiales que generaba el trío, ya a lo largo de todo el continente.

En 1999 la ciudad de la furia todavía no tenía demasiada telefonía digital por lo que muchos aún se comunicaban con sus semejantes, telefónicamente hablando, inmersos en unas burbujas abiertas callejeras azules, como el fondo de la tapa de “Bocanada”. Puerto Madero aún era un atracadero de barcos lleno de containers, donde en vez de restoranes 5 estrellas como gran cosa podías encontrar un choripanero que hacía su negocio con los estibadores que vaciaban las bodegas. Ese año nos gobernaba Fernando de la Rúa que empezó con Chacho Álvarez y a los pocos meses se quedó más solo que Don Quijote contra los molinos.

Gustavo Cerati en los tiempos de Amor Amarillo

El mercado de Abasto se transformó en el shopping y terminaba el siglo sin inflación con Argentina mirando como se agarraban a codazos para tocar en River toda la aristocracia del rock y el pop mundial. Acá es donde los millenials y centennials se pierden en el relato, pero bueno.

Gustavo terminaba de dar las hurras con su banda de siempre y recurriendo a amigos y colaboradores encara para su “primer” disco solista.

Gloriosa época a todo Acid Jazz y Trip Hop. La nueva centuria ya estaba entre nosotros y todo nuevo sonido era bienvenido. Nueva York todavía tenía sus Twin Towers y nosotros aún nos manejábamos con el 1 a 1. Digamos que el ánimo estaba como para algunos experimentos progresivos downtempo o puramente electrónicos.

Siempre el más lúcido, Gustavo Cerati se dio cuenta de todo ello, creo que vislumbró hasta lo que vendría. Hablando de música obviamente. Que es lo que nos ocupa.

El álbum se empezó a generar en los meses finales de Soda Stéreo, algo asomaba en el proyecto de Gustavo con Flavio Etcheto y Leandro Fresco y se plasmó en Bocanada.

El disco empieza con “Tabú”, una especie de Take V con Dave Brubeck de ácido. Una frenética intro percusiva que a través de la voz te sumerge en la atmósfera indicada para comenzar el viaje. Gustavo y Etcheto a puro sampler y secuenciador. Inicio adecuado.

“Engaña” es una balada electrónica en la que a Gustavo y Flavio se suma la voz de Leo García que humaniza un poco el tema. Alguna reminiscencia a Portishead de su buena época. La guitarra de Cerati nos recuerda un poco a “Dynamo”, ese gran encuadre shoegaze de Soda.

No pasan todavía diez minutos de placa y llega el que para mí, con el tiempo en el medio y sin otro fundamento que mis oídos, es el cenit de Bocanada. “Bocanada” el tema, es el compendio de todo el disco. Acá hizo todo, hasta meter nostalgia en el canto. Con la banda apoyando, Martín Carrizo en la batería, el bajista Fernando Nalé y los scratches de Rudie Martínez enmarcando la feliz interpretación del líder. Por si todo no alcanzara un sampler de un tema de los progresivos holandeses de Focus del año 1974 eleva aún más la propuesta.

Entonces llega “Puente” tal vez el momento más popular del disco, con la banda a pleno y Gustavo solo con la guitarra logran la canción más Sodera de Bocanada. Pluma Ceratiana y arreglos que superan lo esperado. Bellísimos coros de Leo García y sobria línea percusiva de gran gusto del inolvidable Martín Carrizo. Amén de ese estribillo hipnótico de – » Gracias porvenir, gracias por venir…”.

“Río Babel” sigue el sendero rítmico del comienzo, bajo, guitarras, sampler y efectos a cargo de Etcheto. Con un sonido muy de la época, ligeros toques a lo Morcheeba, eso era lo que todos seguían. Un groove básico y pegadizo que se eleva con los sampleados. Aún hoy suena fresco al escucharlo. Al final la explicación: “Fluir sin un fin más que fluir sin un fin más que fluir.”-

El lado B del vinilo arranca con “Beautiful”, teniendo en cuenta que Gustavo estaba por ahí separándose de Cecilia Amenábar, uno puede adivinar de donde aparece tanta poesía doméstica. A la banda aquí se suma Tweety González con un teclado final. Uno de los más trascendentes arreglos de Bocanada.

“Perdonar es divino”, podría haber salido de la factoría de Robert Del Naya y su Massive Attack. Difícil llegar a tanta musicalidad electrónica como uno no sea un compositor de los kilates de GC. Otro encuentro a solas entre Flavio Etcheto y Gustavo.

Una nota al margen. Qué pedazo de cantante era Cerati.

“Verbo carne” es lo distinto del disco: » Turbante noche, sigo despierto y se que el diablo frecuenta soledades. Pequeño cristo 3D, podrás salvarme esta vez…”. Aquí aporta lo suyo la London Session Orchestra grabados en Abbey Road, bajo la batuta del violinista Gavin Wright siguiendo los arreglos de Alejandro Terán. Un auténtico Biscoito Fino, como le dicen los cariocas a las canciones diferentes.

Después llega “Raíz” con aires folklóricos mientras Gustavo se arregla solo con todo, sumando apenas un sampler de un tema de los chilenos progresivos Los Jaivas. Grata sorpresa esa flauta andina en medio de todo. Hoy suena conocido este híbrido, pero 25 años atrás era asunto de pocos. Quizás mucho de lo que escuchamos hoy provenga de aquí.

“Y si el humo está en foco…” es una brillante pieza instrumental con toque de Human Vox a cargo de Gustavo. Los sintetizadores de Etcheto hacen el resto. Brevísimo y bellísimo trip en busca de un intermezzo a la altura de lo demás.

Es entonces cuando te encontrás con el hermoso midtempo guitarrero “Paseo inmoral” que sin desentonar parece venir de otro disco. Un clásico trío de guitarra, bajo y batería con los samplers al frente de todo. Todo atrás de un eximio arreglo vocal que hace la canción pegadiza y efectiva. Acá, la viola de Gustavo por momentos parece volar.

En “Aquí y ahora”, un tema dividido en parte I y II, parece haber encontrado el desenlace de Bocanada. Cerati se mete con los senderos que se bifurcan de Jorge Luis Borges. Toda la banda en pleno luciéndose con un manjar sónico. Eso en la primera parte, mientras en la segunda todos parecen encimarse sobre los sonidos logrados por Flavio Etcheto, acabando en un vértigo contenido.

El primer final lo encontramos en “Balsa”, otra vez Flavio y Gustavo con una guitarra pedaleada raro, atrás de una atmósfera psicodélica, muy a lo que hoy escuchamos en grupos como Tame Impala y seguidores. Nada está puesto como relleno en Bocanada, y este final lo comprueba. Bien podría ser el comienzo de otras músicas.

El categórico final llega con “Balsa”, un lindísimo instrumental absolutamente relajado, como el fin de una fiesta que salió soñada. Sampleando la voz de Elvis Presley en un guiño al rock universal.

Bocanada es una obra electrónica con mucho de pop callejero y rock elaborado (AFP)

A este disco le han hecho homenajes de todos los colores, saqueos, análisis de todo tipo y críticas definitivas y hasta lapidarias.

Es mucho más grande que todo eso junto. Nada lo correrá de su destino de clásico.

Es una obra electrónica con mucho de pop callejero y rock elaborado.

Tal cual era Gustavo, un genio al que cruzabas en shows, cenando en el Soul Cafe, Haiku o El Divino, bailando en Paladium o en una boda de alcurnia, sentado en Parque Thays o en el embarque de un vuelo a New York.

Siempre igual, glamoroso y sonriente, no podías evitar suponer que siempre estaba planeando algo.

Se lo extraña totalmente.

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