De los grandes éxitos a las tragedias familiares: la increíble vida de Bob Geldof, el inventor del rock benéfico
El músico cumple 75. El despegue con los Boomtown Rats, el boom de Live Aid, sus peleas para concientizar por el hambre en África y la última conversación con Michael Hutchence.
Por
Matías Bauso (TN – La Viola)

Bob Geldof organizó el «Live Aid», un concierto benéfico para combatir el hambre en África.
¿Cuántas vidas caben en 75 años? Esos son los que cumple Bob Geldof. Un hombre multifacético, que transitó el éxito y se hundió en el dolor personal más atroz.
Rockero, autor de algún hit imperecedero, protagonista de una película de culto que conmovió a varias generaciones, obstinado organizador de eventos benéficos que lograron reunir estrellas de la música como nunca antes, uno de los que más hizo por concientizar de la pobreza extrema en África, Caballero de la Corona, carne de tabloide, señalado por la muerte de otra estrella de rock, y sobreviviente de varias tragedias familiares.
O dicho de otro modo: Bob Geldof fue líder de The Boomtown Rats, compositor de I don’t like Mondays, actor de The Wall, compositor de Do They Know It’s Christmas, creador de Live Aid, marido de Paula Yates, padre de Peaches, adoptante de la hija de Michael Hutchence y Paula Yates.

Formó The Boomtown Rats, su primera banda, en 1975. Al principio se volcaron al punk. Pero el viraje hacia el new wave les dio sus dos hits, las únicas dos canciones que lograron hacer escalar hasta el primer puesto de los charts ingleses. Rat Trap fue el primer tema new wave en ser número uno. Después vendría I Don´t Like Mondays. La canción, su mayor logro artístico, generó polémica. Está basado en la historia de Brenda Ann Spencer, una joven que fue la autora de una masacre en un colegio de San Diego. Mató un empleado y al director de la escuela e hirió a ocho alumnos y un policía. Cuando fue detenida y le preguntaron por qué había disparado, qué la había llevado a disparar a mansalva, la chica respondió: “No me gustan los lunes” (I don´t like Mondays).
Un día a fines de la década del setenta, después de llegar a Londres en avión, Bob toma un taxi en el aeropuerto. En viaje recibe un llamado telefónico. Es su manager contándole que le ofrecieron el papel principal en la película Pink Floyd’s The Wall. Geldof lo rechazó de plano. Respondió que no estaba interesado porque aborrecía la música de Pink Floyd. La respuesta llegó a oídos de Waters de inmediato: el taxista era su hermano John. La anécdota la cuenta el mismo Geldof en Is That It?, su autobiografía. Sea apócrifa o no esa historia, la tensión inicial y el recelo entre ambos existieron. Roger Waters iba a ser el protagonista, pero Alan Parker creyó que su nivel actoral era paupérrimo.
La elegante salida que encontró el director fue: “Roger está demasiado cerca del material, no tiene la suficiente distancia como para poder encararlo frente a la cámara”. La película fue un éxito y se convirtió en un clásico de culto. Muchos creían que significaría el lanzamiento definitivo de Geldof, tanto en lo actoral como en lo musical, que el camino para convertirse en una superestrella estaba despejado. Pero los hits no llegaron. Tampoco los grandes papeles.
Sin embargo, muy pocos años después, Bob Geldof era conocido mundialmente. Se convirtió en el gran benefactor del rock, en el filántropo inclemente.

Todo cambió una noche de 1984 mientras veía televisión con su novia Paula Yates. Un informe de la BBC hablaba del hambre en Etiopía. Llamó a su amigo Midge Ure, vocalista del grupo Ultravox, y le propuso escribir una canción, convocar grandes figuras para la grabación y donar las regalías recaudadas para paliar el hambre en ese lejano país.
La idea, aunque hoy suene trillada, era novedosa. Y audaz: ni Ure ni Geldof tenían la estatura artística y comercial del resto de los convocados. El rock no tenía desarrollados modos solidarios. Nadie quería quedar como débil en el mundo del descontrol. La práctica habitual era el cinismo. El resultado fue Do they know is Christmas?, que contó con las más importantes figuras musicales británicas: Sting, Bono, Phil Collins, Boy George, George Michael y decenas de personajes más.
El single llegó al número uno en la Navidad de 1984. El modelo fue emulado muy pocos meses después en Estados Unidos. Michael Jackson y Lionel Ritchie escribieron We are the world y junto a Quincy Jones aprovecharon su poder de convocatoria y la noche de los Grammy para meter en un estudio a glorias tales como Springsteen, Dylan, Stevie Wonder, Paul Simon, Ray Charles, Billy Joel y muchos más.
Esa noche Quincy Jones le presentó a su elenco único a quien fue el que inspiró USA for Africa: Bob Geldolf. Bob tomó un micrófono y descerrajó un furibundo discurso sobre el hambre en África, brindó cifras escalofriantes e instó a la acción. Cuando terminó, lo aplaudieron. Unas pocas horas después volvió a tomar el micrófono sin que nadie se lo diera. A los gritos empezó a quejarse por el lujoso catering que estaban consumiendo. Contó que cuando grabaron en Inglaterra, él mismo fue hasta una casa de comida rápida a conseguir comida para todos. En medio de sus insultantes palabras, alguien lo interrumpió para aclararle que el catering había sido donado por una empresa. Bob, esa noche, no volvió a dirigirse a los demás a través del micrófono.

Es el autor del hit «I don’t like Mondays» («No me gustan los lunes»).
La siguiente hazaña de Geldof fueron los conciertos del Live Aid. El festival en Londres y Filadelfia que reunió a (casi) todos los grandes de ese tiempo. Las fotos finales en cada escenario con ese elenco extraordinario reunido todavía llaman la atención.
En marzo de 1985 se reunió con Harvey Goldsmith, el más importante promotor británico de rock. Le propuso realizar un recital simultáneo en dos continentes con las mayores atracciones del mundo de la música. Goldsmith trató de desalentarlo. Le dijo que era imposible juntar a tanta gente, que la coordinación entre Estados Unidos y Europa iba a resultar muy dificultosa, que la ingeniería de producción exigía muchísimo tiempo, tal vez años. Geldof asintió con la cabeza y, cuando Goldsmith terminó de hablar, le dijo: “Creo que el 13 de julio es una buena fecha. Ya averigüé que Wembley está libre”. Esa misma tarde una discográfica le cedió una oficina. Y Geldof comenzó a trabajar.
Lo primero que hizo fue contactar a Bill Graham, el mítico promotor musical norteamericano. Él sería el hombre clave al otro lado del Atlántico. La experiencia y los contactos de Graham allanarían el camino.
El éxito de los singles benéficos había ablandado a algunas figuras que meses antes se habrían opuesto a participar. El prestigio de los nombres involucrados empujaba a otros a unirse. Pero nadie quería pasarse de la raya. Su negocio, en parte, consistía en seguir siendo “chicos malos”. Si bien no era el primer show benéfico (el precursor fue el Concierto por Bangladesh de George Harrison), la movida era riesgosa.
![]()
Geldof utilizó un recurso, obvio y antiguo, pero de gran eficacia. A cada gran nombre que contactaba le aseguraba que otros ya habían aceptado y remataba la propuesta con una pregunta: “¿Vos te vas a quedar afuera?”. Así a Sting le dijo que Elton John y Billy Joel ya habían aceptado, pero cuando se comunicó con Elton, le informó que los dos primeros que se habían subido al show habían sido Sting y Billy Joel.
Consiguió que la BBC suspendiera durante 14 horas sus programaciones habituales radiales y televisivas para transmitir cada instancia del Live Aid. Cuando promediaba el festival, lo entrevistaron en directo. El conductor televisivo leía direcciones postales a las que se podían enviar cheques. Geldof, enojado, le sacó el micrófono y le gritó: “Decí los teléfonos de mierda”. Sabía que por vía telefónica todo era más veloz. Pero no le alcanzó; antes de dejar el aire, miró a cámara y le habló con furia, con los ojos cargados de odio, a la audiencia: “Donen. Manden su puta plata”. Los teléfonos empezaron a sonar sin parar. Muchos pensaban que serían denuncias de los televidentes porque en la BBC en dos minutos se reprodujeron más insultos que en toda su historia. Sin embargo, era gente que había sido sacada de su letargo, ciudadanos ingleses que llamaban para donar dinero para la gente que se moría de hambre en África. A partir de su intervención televisiva, el ritmo de donaciones se triplicó.
Tras ese momento dejó de ser Bob Geldof. Pasó a ser Sir Bob Geldof. La Reina lo nombró Caballero del Imperio por su obra humanitaria. El saldo más importante fue, más allá del dinero recaudado, el de demostrar que las estrellas de rock podían trabajar para causas nobles y que el mensaje sobre el drama en el continente africano se instaló con contundencia en la sociedad; gobiernos y grandes empresas empezaron a ser conscientes de la necesidad de actuar. El Live Aid abrió nuevos caminos y expandió el mensaje.
Tiempo después hubo denuncias de que los fondos recaudados fueron utilizados en Etiopía para comprar armas y para dirimir conflictos internos del país. Geldof salió a desmentirlo y a defender su labor. En el camino fue nominado varias veces al Premio Nobel de la Paz. Su tarea continuó. Dos décadas después organizó el Live 8, otro megaconcierto. Participa de las discusiones públicas y su relación con los grandes líderes mundiales y empresarios es fluida y persistente.

Los fondos recaudados fueron destinados a combatir la hambruna en Etiopía.
Cada tanto, el cantante se quejaba amargamente de que sus labores filantrópicas opacaron su carrera como músico. Dijo, textualmente: “De no ser por el Live Aid yo hoy sería como Sting o Paul Weller”. Parece una (enorme) exageración.
Bob Geldof: entre el éxito de sus megaconciertos y sus desgracias personales
Su vida privada fue agitada y las desgracias lo merodean desde hace décadas. Conoció a Paula Yates cuando ambos eran muy jóvenes. Ella estaba obsesionada con ese cantante de rulos largos que lideraba a los Boomtown Rats. Comenzaron una relación tempestuosa. Ella se convirtió en una conocida modelo y conductora televisiva. Tuvieron tres hijas. A la primera la llamaron Fifi Trixibelle. La segunda, nacida en 1989, fue Peaches Honeyblossom. La tercera, Little Pixie, nació un año después. Si los otros nombres eran extravagantes, la historia de éste supera al de sus hermanas. Pixie era el nombre de un personaje de un programa televisivo muy exitoso a fines de la década del ochenta. Lo curioso es que se llamaba así de manera paródica, era una burla a los nombres que la pareja Geldof-Yates elegía para sus hijas.
La pareja duró 19 años. Paula empezó a tener severos problemas con las drogas. En 1985 conoció a Michael Hutchence, el líder de INXS, en su programa de televisión en el que entrevistaba a grandes estrellas sobre una cama. Una década después, Paula dejó a Geldof por el cantante de INXS. Fue un escándalo. Antes del anuncio oficial, los rumores databan de años. Geldof fue abandonado públicamente. Los tabloides ingleses llevaron el tema a su portada. Las guardias periodísticas parecían no tener fin.
Hutchence y Yates tuvieron en julio de 1996 una hija, Heavenly Hiraani Tiger Lily Hutchence. Las adicciones y la depresión hicieron su trabajo, los derrotaron. Las vidas de Hutchence y Yates se desmoronaban en vivo y en directo. Cada tropiezo era una tapa de revista, un programa de chimentos. Geldof exigió judicialmente la custodia de sus tres hijas. La lucha, además de judicial, fue política (Paula Yates dijo que él la amenazó con hacer intervenir a sus poderosos contactos) y mediática. Geldof obtuvo la custodia. Además, encabezó un movimiento público en favor de los padres alejados de sus hijos, para que los padres solteros y divorciados obtuvieran un mayor reconocimiento en las sentencias judiciales.

Durante su vida, luchó contra la depresión y las adicciones.
Un nuevo cimbronazo se produjo el 22 de noviembre de 1997. En la soledad de la madrugada de un hotel australiano, Michael Hutchence empezó una ronda de llamados, la última que haría en su vida. El primero fue a Bob Geldof. Una comunicación muy breve. Posiblemente, Bob haya cortado apenas escuchó que el que hablaba era un Hutchence alcoholizado y a las 5.30 de la madrugada. Luego habló con Paula, que le confirmó que no podría viajar a Australia; el juicio recién tendría sentencia a mediados de diciembre. Michael le dijo que él le iba a rogar a Geldof que la dejara viajar con las cuatro hijas. Minutos después, otro llamado a Geldolf. Hubo gritos, discusiones, insultos.
El huésped de la habitación de al lado en el hotel contó que escuchó discutir airadamente a Hutchence a esa hora. Geldof, tiempo después, recreó ese llamado contando que Hutchence lo había insultado y amenazado a los gritos, que le había rogado que permitiera viajar a las chicas. Dijo, también, que no lo notó depresivo. Unas horas después, el cantante de INXS apareció muerto en su habitación. Se había colgado con un cinturón. Se habló también de autoasfixia erótica.
Tres años después, Paula Yates murió por una sobredosis tras un tiempo de un ostensible deterioro. Bob Geldof pidió la custodia y adopción de la hija de Hutchence y Paula Yates. Quería que la chica se criara junto a sus hermanas. Unos años atrás, la chica pidió ante un juez incorporar el Geldof como apellido.
El último gran golpe llegó en abril del 2014. Su hija Peaches, de 25 años, murió por una sobredosis de heroína. Las señales habían sido muchas. Varias internaciones previas, sobredosis sin desenlaces fatales, un infarto por exceso de consumo a los 23 años. Peaches no pudo esquivar el linaje destructivo de su madre. Quedó atada a ella, a su historia, a sus consumos, a su destino terrible y prematuro. Repitió adicciones, matrimonios múltiples y complicados, maternidad temprana que en algún momento pareció la tabla de salvación, pero que no alcanzó.

Bob Geldof dijo que había que seguir adelante, con el dolor en medio del pecho, llorando cada día, con el alma destrozada, tratando de entender lo inexplicable.
Cada tanto reúne a los Boomtown Rats. Hace 30 años que está en pareja con la actriz francesa Jeanne Marine. Es empresario y tiene en su cuenta bancaria varias decenas de millones de dólares. A los 75 años, sigue poniendo el cuerpo en cada causa benéfica que se le cruza por delante.
#ELSIESTERO Historias, anécdotas de las mejores Bandas del Mundo, Domingos de 17.00 a 18.30 hs. 105.1FM www.fmsos.com.ar