Jim Morrison

Jim Morrison: los últimos días en París, la muerte por sobredosis y el misterioso conde señalado como responsable

Hoy, el cantante de los Doors cumpliría 80 años. El viaje siguiendo a su novia Pamela Courson. Cómo pasó sus últimas horas. El papel de la heroína y el alcohol. Jean de Breuteuil, el conde dealer que lo proveía. Los misterios que permanecen alrededor de su muerte. Y el oscuro destino de quienes estuvieron a su alrededor hasta el final

Por Matías Bauso (Infobae)

Jim Morrison: los últimos días en París, la muerte por sobredosis y el misterioso conde señalado como responsable - Infobae

Hoy Jim Morrison cumpliría 80 años. Vivió apenas 27. Varios de sus compañeros de generación todavía se mantienen sobre los escenarios. McCartney, Jagger, Richards, Dylan, Waters, los Who, Van Morrison y algunos más. Son los sobrevivientes. Estos ejemplos modificaron el imaginario. Lo que hace una década era imposible, hoy ya no lo es. Los ancianos como rockeros, los rockeros como ancianos ¿Por qué no imaginarse a Morrison, Hendrix o Janis Joplin transitando su vejez? ¿Acaso el estilo de vida de Keitn Richards no era desaforado? ¿Morrison se habría convertido en poeta (se habría recluido en la poesía) tal como deseaba en sus últimos meses de vida? ¿En la madurez hubiera cedido a la tentación de los millones para regresar y llenar estadios con sus tres antiguos compañeros, convertidos en inane banda tributo de sí mismos? ¿O se hubiera convertido, como tantos otros, en gurú de la vida sana? Nadie sabe. Una ucronía que parte de la suposición de que aquellas semanas finales, de junio y julio del 71 en París, podrían haber sido diferentes, una ucronía que supone que Jim Morrison, la madrugada del 3 de julio del 71, quitó el tapón de la bañera, dejó correr el agua, se puso de pie, se secó distraídamente con la toalla y se acostó a dormir al lado de Pamela Courson.

A fines de 1970, los Doors entraron a grabar lo que sería L.A.Woman. Ninguno de sus miembros estaba en demasiado buen estado. Jim Morrison, la fuerza creativa del grupo, el gran imán para el público, era el de peor presente. El alcohol y las drogas lo dominaban. También el hastío. Estaba más gordo, desprolijo, casi sucio. Le costaba prestar atención; hasta le costaba mantenerse alerta o al menos despierto durante un buen tiempo. El primer productor les duró unas pocas horas antes de renunciar. El 8 de diciembre festejaron el cumpleaños de Jim mientras grababan. En un momento fue como si se desconectara. Con lentitud, cayó sobre un mueble de madera y ahí quedó inconsciente durante algunas horas aplastado por el alcohol. Los compañeros se rieron y esperaron que despabilara. Ya habían presenciado algún episodio similar.

Unos días después, con el disco casi terminado, tocaron en vivo. Jim quería probar ante el público los temas nuevos.

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El 12 de diciembre de 1970 se presentaron en Nueva Orleans. Tenían programados algunos otros shows antes del fin de año y cuatro fechas en el Madison Square Garden de Nueva York para enero. Lo que nadie sabía era que la de Nueva Orleans sería la última actuación en vivo de Morrison. Antes de comenzar se lo veía apagado, algo ido. Pero pareció renacer apenas sonaron los primeros acordes. Las cuatro canciones iniciales no presentaron mayores problemas. De todas maneras los que habían visto a la banda en vivo notaron que su energía no era la de siempre. En la quinta canción, Morrison se olvidó la letra. Después empezó a balbucear y le costó seguir la música. The Doors se convirtió en una banda instrumental. Los otros tres seguían tocando con la esperanza de que el cantante volviera a conectarse. El público permanecía en vilo, con la duda de si estaban presenciado un desmoronamiento o una performance que no lograban comprender del todo. Morrison caminó con lentitud, con los hombros vencidos y se sentó en el borde de la tarima de la batería. Con la mirada vacía, se quedó inmóvil hasta que de pronto fue como si alguien hubiera bajado un interruptor. Morrison se apagó. Algunos creyeron que había muerto. La cabeza cayó, su cuerpo tuvo una pequeña convulsión. Sus brazos colgaban laxos al costado. No había caído, sólo porque quedó apoyado en la batería. El público primero lanzó una exclamación asustada; luego las conversaciones y las especulaciones casi tapaban a la banda que seguía tocando. Uno o dos minutos después, John Desmore pasó el pie derecho entre sus tambores y pateó a Jim en la espalda. Eso lo despertó. Se levantó y tomó el micrófono; parecía que la patada había repuesto las cosas a su situación habitual. Pero Morrison masculló algo inentendible y empezó a golpear el pie del micrófono contra el suelo hasta que lo partió en dos. Pateó algunos amplificadores y parecía que iba a romper cada elemento que encontrara a su paso. Un asistente entró al escenario y pasó su brazo por sobre el hombro del cantante. Morrison aceptó el gesto amistoso. Él también lo abrazó y salieron caminando juntos. Jim Morrison ya no volvería al escenario. Nunca más.

El episodio hizo, entre otras cosas, que se suspendieran los shows de Nueva York.

Jim Morrison: los últimos días en París, la muerte por sobredosis y el misterioso conde señalado como responsable - Infobae

Cuando sólo faltaba mezclar algunos temas para terminar el disco, Morrison reunió a sus compañeros y les anunció que se iba a Francia. Cuando Ray Manzarek le preguntó por cuanto tiempo, él respondió que no sabía, que al menos por un año. En realidad estaba diciéndoles que los dejaba, que ya no cantaría con ellos. En vez de forzar definiciones, sus compañeros lo dejaron ir, confiando en que en unos meses cambiaría de opinión.

Pamela Courson, una hermosa joven de pelo rojizo y su novia desde hacía cinco años, se había ido a París. Él fue tras ella.

La relación era cambiante, tempestuosa. Las versiones son diferentes. La versión oficial, canónica, dice que Pamela fue a preparar el terreno para el arribo de Jim a la capital francesa.

Que Morrison ya no quería cantar y ella lo convenció de que sólo se dedicara a la poesía. Y que París era el lugar ideal para ello. Además ya había conseguido un contrato discográfico para grabar su primer disco solista, uno de poesía.

Pamela le dijo que en París él podía ser lo que deseaba: poeta. El mito romántico de la Ciudad Luz como cuna de poetas lo tentó. También alejarse de la presión de la fama, de las imposiciones, de la industria y de sus propios fantasmas.

La otra versión no necesariamente excluye a esta. Pamela se había ido a París con un conde francés que había estado viviendo en Los Ángeles mientras simulaba estudiar en la UCLA. El conde Jean de Breuteuil tenía 21 años. Había heredado de su padre el título nobiliario y una fortuna que se encargaba de dilapidar metódicamente. Residente en París a los 18 años viajó a Los Ángeles supuestamente para ingresar en la universidad. Pero, muy rápidamente, se convirtió en el dealer de las estrellas del rock. Allí conoció a Pamela. Era amigo de Janis Joplin, de los Stones y de muchos más. Se puso de novio con Marianne Faithfull. Tras la muerte de Janis Joplin, de Breuteuil viajó de urgencia a Europa. Siempre se dijo que él fue quien proveyó la heroína que le provocó la sobredosis final a la cantante. Marianne Faithfull en sus memorias describe con crudeza a de Breuteuil: “Jean era una persona horrible. Lo que me gustaba de él era que tenía un ojo amarillo y otro verde. Y que tenía mucha, mucha droga. Todo se trataba de sexo y de drogas. Él era muy expansivo, muy social y muy francés. Sólo estaba conmigo porque yo había sido la novia de Jagger. Estaba obsesionado con eso”.

El conde dealer llamó a Pamela y ella viajó. Tras ella fue Jim.

Las últimas horas de Jim Morrison, a medio siglo de su muerte - LA NACION

En París, Morrison se equipó para completar el arquetipo del poeta bohemio y torturado. Cada vez que salía a la calle, Morrison llevaba una bolsa de plástico con dos de sus anotadores, el recorte de una nota de una revista musical francesa sobre The Doors, la cinta de la filmación de una lectura de poesía que había dado hacía un tiempo, fotocopias de una entrevista a Godard, un álbum con sus fotos, tres o cuatro lapiceras y varios lápices. Caminaba por la ciudad. Le gustaba hacerlo mientras miraba el Sena y atravesaba barrios. Le gustaba, también, pasar desapercibido. Utilizaba un nombre falso para no ser reconocido. Cada tanto se sentaba en una mesa en la calle, pedía una cerveza y sacaba sus cuadernos de apuntes.

Pamela Courson vivía en la bruma que producían las drogas. Morrison no estaba mucho mejor. Alcohol y heroína. Su aspecto exterior también había empeorado, hasta rengueaba de una pierna. También tosía mucho y los médicos no encontraban la causa. Su escritura se había estancado. En una de las páginas de su cuaderno se repite una sola frase casi un centenar de veces: “Que Dios me ayude, que Dios me ayude, que Dios me ayude”.

En esos meses la pareja viajó bastante. España, Marruecos, Córcega y Londres. Morrison aprovechaba para conocer las ciudades. Fantasearon con instalarse en la Costa Azul, como los Rolling Stones. Algunos turistas y estudiantes norteamericanos, a veces, lo reconocían. Él, que tenía problemas con el francés, se quedaba hablando con ellos. Siempre al despedirse les pedía discreción. Quería mantener su presencia en París en secreto.

El 2 de julio de 1971, Alain Ronay, un amigo francés que vivía con Agnes Varda -también cercana a Morrison quien la frecuentó porque quería exhibir dos películas que había filmado en Estados Unidos-, pasó a visitarlo. Al llegar al departamento del cuarto piso del edificio de la Rue Beautreillis 17 todo era oscuridad. Las ventanas del departamento estaban cerradas y un vaho pesado, mezcla de humo, hedor y algo indefinido, se condensaba sobre los techos. Sólo se escuchaba el ruido del motor de un proyector Súper 8 que fijaba un cuadrado blanco y brillante en una de las paredes, y la respiración laboriosa de Morrison, que temblaba en uno de los sillones. El amigo le dijo que salieran a caminar un poco y comer algo, que eso lo haría sentir mejor. A las dos o tres cuadras, el cantante se tuvo que sentar en un banco de plaza. Jadeaba, tenía problemas para que el oxígeno entrara en sus pulmones, cambió el color de su cara. A pesar de los esfuerzos de su acompañante por llevarlo al hospital, Jim Morrison se negó. Comieron algo mientras él seguía temblando. Pararon en un kiosco y compraron un número viejo The Paris Review con una entrevista a William Burroughs y la Newsweek de esa semana cuya nota de tapa era: “La plaga de la heroína”. Como todas las revistas norteamericanas llevaba la fecha de su devolución, no la de la salida: 5 de julio de 1971, dos días después de la que sería la muerte de Jim Morrison.

Jim Morrison: los últimos días en París, la muerte por sobredosis y el misterioso conde señalado como responsable - Infobae

Después volvieron al departamento oscuro. Tal vez Jim leyó el fragmento de la entrevista en la que el autor de El Almuerzo Desnudo dice: “No creo que nadie sepa cómo funciona un narcótico, como elimina el dolor, si lo elimina. La heroína, para mí, es una especie de puñalada en la oscuridad”.

Esa noche Pamela y Jim Morrison salieron. Fueron a ver una vieja película de Raoul Walsh (el cine era el otro gran interés de Morrison en esos días), caminaron un poco y comieron comida china. Ya en el departamento de la rue Beautreillis 17, Pamela sacó de un escondite heroína y metieron en su cuerpo todo lo que pudieron. Mientras de fondo, sobre la pared, el Súper 8 pasaba películas caseras de sus viajes recientes y en el tocadisco giraba un disco. Jim dijo sentirse mal. Abrieron el agua para que tomara un baño. Pamela se acostó. De pronto escuchó que él la llamaba. Morrison estaba arrodillado sobre el inodoro vomitando líquido amarillo y coágulos de sangre. Después de un rato dijo sentirse mejor y se metió en la bañadera. Pamela volvió al cuarto y se durmió. Cuando despertó a las 7 de la mañana del 3 de julio de 1971 se dio cuenta de que Jim no había vuelto a la cama.

Cuando entró al baño supo lo que había pasado. Jim estaba en la bañadera. Él y el agua estaban quietos. Su cabeza reclinada sobre el hombre izquierdo, el pelo todavía mojado, una sonrisa serena. Debajo de su nariz y al costado de la boca tenía sangre seca, negra. Está desnudo y una de sus manos se apoya sobre el borde de mármol. En el pecho tenía dos grandes hematomas morados. El agua, teñida por la sangre, estaba granate.

Pamela corrió al teléfono y llamó a Jean de Breuteuil. El conde dealer llegó presuroso. Al ver el cuadro trágico del baño, le ordenó que avisara a Alain Ronay y a Agnes Varda. Después fue por el departamento buscando drogas (que él mismo había proporcionado) y las tiró por el inodoro. Después invitó a Pamela a escapar junto a él y a Marianne Faithfull hacia Marruecos. El dealer sabía que la policía se enteraría de quien había provisto las drogas y lo perseguirían.

Cuando a las 7.30 de la mañana, Ronay atendió la comunicación de Pamela, corrió a despertar a Agnes Varda. La directora de cine llamó una ambulancia desde su cama.

Los policías llegaron al mismo tiempo que la ambulancia. Antes de tocar el cuerpo, el médico se dio cuenta de que ya no hay nada que hacer. La lividez, los labios violetas. En la puerta del departamento algunos vecinos se asoman. Cuando les preguntaron si sabían de quien se trataba, contestaron que era un turista norteamericano, tal vez un estudiante, llamado Douglas, que era algo raro y que lo habían visto correr desnudo por los pasillos. Todavía no sabían que el muerto en la bañadera tenía 27 años y era una gran estrella de rock. Faltaban unas horas para que los investigadores se enteraran de que Jim Morrison, el cantante de The Doors, había muerto en París.

Pamela Courson and Jim Morrison - FamousFix.com post

Son pocos los datos certeros de lo que ocurrió esa madrugada en el departamento parisino. El resto es bruma, imprecisión, versiones, especulaciones y teorías conspirativas. Desde homicidio a suicidio pasando por muerte accidental y hasta un escape del mundo. En esa época, la policía francesa no realizaba autopsias si no se trataba de una muerte violenta. El médico se apuró a firmar el certificado de defunción y a consignar “Deceso por ataque cardíaco”.

Lo más probable es que se haya tratado de una sobredosis de heroína. La adicción tenía tomada desde hacía mucho tiempo a la pareja de Jim Morrison y Pamela Courson.

Pamela cambió tres veces de versión sobre lo sucedido esa noche. Algunos lo atribuyeron a la confusión y a las lagunas que la droga había producido en su cerebro. Otros al temor que le tenía a de Breuteuil. Así las versiones, rumores y teorías conspirativas crecieron.

Algunos dicen que de Breuteuil llegó al departamento, junto a Marianne Faithfull, antes de la muerte de Jim. Que fue él el que la provocó inyectándole una desmesurada dosis de heroína. Otro rumor sostiene que Morrison sufrió la sobredosis en el baño de un club nocturno parisino y que allí murió. Pero que los dueños para no tener problemas, lograron sacarlo del local, llevarlo hasta la casa y dejarlo en la bañadera. Otros dicen que el episodio del boliche sucedió, pero unos días antes al de la muerte. Y que el cantante fue asistido en el lugar y pudo recuperarse.

Unos pocos dan una última versión, la que nunca falta en muertes tempranas de celebridades, la teoría conspirativa, conspiranoica. Aseguran que Jim Morrison no murió en ese baño de París. Hastiado de la fama y del mundo de la música, simuló su muerte y se escapó a algún destino exótico con otra identidad. Morrison, como Elvis, estaría vivo.

Antes de que la noticia pudiera confirmarse, a Estados Unidos llegó el rumor de que algo había pasado en París. Alguien llamó a los otros integrantes de The Doors para decir que Jim estaba muerto. Ellos al principio no se preocuparon demasiado. No era la primera vez que escuchaban un rumor similar. Los hábitos de Morrison los alimentaban; y sus varios colapsos públicos también. Tal vez sólo había tenido otro de esos desvanecimientos producto de los excesos. Pero esta vez era verdad. Lo supieron con certeza antes que la prensa. El representante viajó a París y llegó antes del entierro.

Homenaje en la tumba de Jim Morrison en el 50 aniversario de su muerte - Infobae

Jim Morrison fue enterrado en el cementerio de Pere Lachaise tres días después de su muerte. Allí peregrinan decenas de miles de personas cada años a visitarlo y a ofrendarle su secreto. Sin embargo, tampoco ese descanso final estuvo exento de versiones. Muchos creen un rumor que indica que el padre del cantante sacó el cadáver clandestinamente y lo trasladó a Estados Unidos para tenerlo cerca. El misterio -ese misterio- parecía que se iba a resolver en 1991 cuando vencía el permiso del cementerio y el cajón debía ser removido y reducido. Sin embargo, dada la celebridad de Morrison y las abundantes visitas cotidianas, la dirección de cementerio extendió la concesión sin límite temporal. De esa manera, no se realizó, una vez más, ningún estudio sobre sus restos.

Otros dos protagonistas fundamentales de esta historia murieron de la misma manera: muy jóvenes y por sobredosis de heroína. Jean de Breuteuil murió, a los 22, poco menos de un año después. Pamela Courson murió en Los Ángeles tres años más tarde. Tenía, como su antiguo novio, 27 años.

===>#ELSIESTERO, Historias y anécdotas de las mejores Bandas del Mundo, Domingos de 17.00 hs. a 18.30 hs. 105.1FM www.fmsos.com.ar

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